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Luis Marchand Stens

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Luis Marchand Stens, por Oscar Maúrtua de Romaña

*por Oscar Maúrtua de Romaña

Cuando ingresé a la Cancillería, como empleado administrativo, en 1965, ya Luis Marchand Stens brillaba como uno de los más destacados juristas de nuestro Servicio Diplomático. Y al mismo tiempo que ejercía sus funciones profesionales en el Ministerio de Relaciones Exteriores, era catedrático de la Academia Diplomática y de otras Casas de Estudio, dándose tiempo para publicar valiosas obras sobre Derecho Internacional.

Por eso cuando, en el 2005, la representación nacional del Programa de Cultura de Paz del Ecuador decidió declararlo como “Hombre de Cultura de Paz 2005” , en mérito a su destacada actividad al contribuir al proceso de construcción de una Cultura de Paz en esa nación hermana, reiteré – una vez más- mi convicción sobre las extraordinarias capacidades del Embajador Marchand. Este era un merecido reconocimiento a su labor para fortalecer la paz entre dos países hermanos que habían mantenido un incordio por varias décadas, afortunadamente ya superado.


El Embajador Marchand ejerció la Jefatura de Misión en varios países y Organismos Internaciones, siempre brindando lo mejor de sí para vigorizar las relaciones con dichas naciones o entidades. En el segundo gobierno de Belaunde, fue representante del Perú ante la OEA, así como Embajador ante los Estados Unidos. Opino que debió ser Secretario General de la OEA, pues además de su talento y sólida formación jurídica, dominaba la temática del Sistema Interamericano. Siempre escuché al Presidente Belaunde destacar a Marchand como un profesional cabal, estudioso, analítico y visionario de las Relaciones Internacionales.

En dos oportunidades integró el Comité Jurídico Interamericano (CJI) de la OEA, siendo muy respetadas sus opiniones por lo sólido de sus argumentos, pues era un infatigable estudioso que siempre estaba al día en la evolución del Derecho Internacional. Durante mi gestión como Titular de Relaciones Exteriores pude contar con su generoso y sabio consejo respecto al Derecho de Delimitación Marítima Peruano Ecuatoriano (afortunadamente ya resuelto) y entre Perú y Chile, así como en la elaboración de la Ley de Líneas de Base de Dominio Marítimo; pues era muy consciente que resultaba indispensable contar con una Ley que identificara y reconociera los puntos costeros desde donde debían proyectarse las 200 millas marinas que corresponden soberanamente al Perú, sin lo cual hubiera dilatado acudir a la Haya, y lo que se logró remitiendo al Congreso de la República el Proyecto de Ley que fue aprobado unánimemente por nuestro parlamento el 3 noviembre del 2005. En todas estas circunstancias, siempre el Perú contó con la erudición, versación, ecuanimidad del Embajador Marchand, quien con la tolerancia de los espíritus superiores nos proporcionaba sesudas explicaciones que nos esclarecían los diversos escenarios que plantea dicha temática.

Pero además de la amistad que nos unió hay cuatro hechos que deseo destacar.

El primero, cuando en compañía del Embajador Luis Marchand, José Alvarado Sánchez, del Doctor Saba, del Doctor Ricardo Leguía Mariátegui y el suscrito, nos reuníamos en casa del ex premier Raúl Ferrero Rebagliati para intercambiar poesías de nuestra autoría. Pude percibir la sutileza de su visión metafísica universal. Cuando él era Embajador en Chile, se produjo la penosa situación del fallecimiento de su padre, quien residía en Ottawa, cuando el suscrito servía en Canadá, lo que nos permitió estrechar más aún nuestra cálida amistad.

La tercera vivencia que me mantiene estrechamente vinculado, con entrañable amistad y gratitud, fueron los años en que Cecilia y Lucho Marchand prodigaron especial efecto a mi hijo Óscar Ignacio quien trabajaba en Quito y recibía el valioso consejo de Lucho, quien siempre lo alentó en su formación académica y profesional. Además, en su condición de Presidente de la Sociedad Peruana de Derecho Internacional, conversábamos desde mi arribo a Lima – proveniente de México – respecto a la conmemoración del Primer Centenario de nuestra Sociedad, la que el próximo año cumplirá tal efemérides; y nuestra última conversación la sostuvimos en la Universidad Tecnológica del Perú, cuando concurría a un acto académico y tuve la oportunidad de agradecerle efusivamente su generoso y cordial prólogo para mi último libro Bitácora Interamericana.

La familia Marchand ha perdido a su esposo y padre; la Diplomacia Continental, a un jurista serio y sabio, de aquellos que saben que “un derecho no es lo que alguien te debe dar, sino que un derecho es lo que nadie te debe quitar”; el Perú, a un defensor de sus derechos en circunstancias en que se cautela la soberanía nacional; porque parafraseando el viejo aforismo, Lucho no se empeñaba en ser conocido, pero fue un ser humano muy humano, notable y sobresaliente, que tras de haber sido conocido, uno no deseaba dejar de conocer más, por la riqueza de su alma – que no sabía de rencores, ni revanchas, ni de resentimiento – que ahora goza de la proximidad del Altísimo.

*Oscar Maúrtua de Romaña, ex canciller de la República y actual director general de la Escuela de Relaciones Internacionales y Gobierno de la Universidad Tecnológica del Perú.  Artículo publicado en el N° 146 de la Revista Peruana de Derecho Internacional, edición especial en homenaje al Embajador Luis Marchand Stens.