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"Gracias canciller"

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por Daniel Parodi
El historiador y catedrático de la PUCP, Daniel Parodi, escribe en Palabras Esdrújulas acerca de la salida de Rafael Roncagliolo de la cancillería.
"Gracias canciller", por Daniel Parodi
En una de mis visitas a los medios de prensa, con motivo de la fase oral de La Haya, me entrevistó, en RPP, una periodista de la estación radial Bío-Bío de Chile, pues entre ambas cadenas hicieron un intercambio de reporteros. En las bambalinas de la entrevista, la corresponsal me dijo que en Perú todos los pesquisados defendían una posición homogénea, mientras que en Chile cada quien se disparaba por su lado. Esa es una de las razones por las que quiero saludar a Rafael Roncagliolo al culminar su gestión como Canciller de la República.
Creo que Roncagliolo supo trabajar con los medios de comunicación, tanto como con la sociedad civil, por lo que emprendió una larga gira a las principales universidades de provincias para explicar la posición defendida por el Perú en la CIJ. Además, pudo darle continuidad al trabajo realizado por las dos gestiones gubernamentales anteriores y logró unificar criterios en un tema delicado que atañe la unidad nacional.
Otro acierto del canciller saliente es haber propiciado una atmósfera distendida con Chile en uno de los momentos más complejos de nuestra historia reciente. Durante los días en que se produjeron los alegatos orales en La Haya no sólo la sangre no llegó al río, sino que las relaciones peruano-chilenas alcanzaron su mejor momento en años, lo que se expresó en la declaración firmada por sus respectivos ministros de relaciones exteriores en Santiago, en enero del presente año.
Ciertamente, el rol desempeñado por Roncagliolo en la cuestión con Chile no se explica sin el equipo de cancillería, ni sin la colaboración de diplomáticos de dilatada trayectoria como Allan Wagner, Manuel Rodríguez Cuadros y José Antonio García Belaúnde. En los últimos dos años se potenció mucho la confianza mutua para facilitar la ejecución del fallo por venir y esa es la rúbrica que le añade el saliente canciller a un trabajo que ha trascendido los gobiernos y que se expresa en una política de estado mantenida hasta por tres gestiones consecutivas.
Ciertamente, la política hacia Chile sostenida por Rafael Roncagliolo tuvo sus costos políticos, como el de tratar con suma delicadeza las pequeñas crisis que recientemente hemos atravesado con países vecinos. En las pasadas coyunturas muchos le exigieron que levantase más la voz, pero en su parecer, que comparto, no era prudente abrirse nuevos frentes a dos meses de conocerse la sentencia de la CIJ.
Es sabido que yo no comulgo con la línea ideológica de Roncagliolo. Sin embargo, he notado durante su gestión cómo antepuso su vocación peruanista a cualquier otra consideración y por esa razón lo he correspondido en mis notas periodísticas, creyendo que así apoyaba a mi país, tanto como al trabajo de un excelente profesional y mejor persona.
En fin, se nos viene una etapa en la cual la firmeza y la mano izquierda deben ir de la mano para que una eventual victoria en La Haya no suene demasiado a revancha y una indeseada derrota no se tome como el fin del mundo. La firmeza debe servirnos para expresarle a Chile que el Perú espera la ejecución inmediata y cabal del fallo, y la mano izquierda para que, entre tanto, se siga fortaleciendo la integración bilateral. En este empeño le deseo la mejor de las suertes a la canciller Eda Rivas, en este momento crucial en el que se decidirá si dos países se mantienen alejados por su pasado o si encuentran un punto de partida distinto de cara al futuro.
Fuente: Palabras Esdrújulas de la PUCP