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Escenarios Latinoamericanos Hacia El 2020

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Escenarios Latinoamericanos Hacia El 2020

Gobernando El Futuro – Escenarios Latinoamericanos Hacia El 2020 – Dante CAPUTO(*)

A propósito del libro del ex Canciller argentino Dante Caputo, “Gobernando el futuro – Escenarios latinoamericanos hacia el 2020”, nuestro ex Canciller Oscar Maúrtua de Romaña, reflexiona sobre la necesidad de un proyecto de futuro que fortaleza la democracia y el desarrollo en los próximos años.

Por Oscar Maúrtua de Romaña

Los hacedores de política de Latinoamérica siempre han estado en la disyuntiva de atender los problemas actuales o del futuro. Lamentablemente para nuestras democracias, casi siempre, se prefirió lo primero. Para un político, prepararse para los desafíos del porvenir relegando las necesidades del presente, podría significar perder popularidad y el fin de su carrera política.

Si no se resuelven las demandas urgentes como empleo, seguridad, salud o educación, la acción de los gobiernos perderá fuerza, apoyo y sustento. Pero si estas necesidades van a significar el único objeto del obrar político, el presente ahogará las perspectivas del país.

El futuro no está escrito, no es destino, pero tampoco es azar. En el siglo XXI, aprender a gobernarlo será el nuevo desafío de las democracias latinoamericanas para garantizar su sustentabilidad así como bregar por el bienestar para las mayorías sociales. Si esta tarea no la realizan quienes buscan la preservación de la democracia, lo harán otros porque siempre alguien gobierna el futuro.

Dante Caputo, con su larga experiencia en política y analítica, tiene una particular claridad para hablar sobre este tema. El ex canciller argentino advierte que países de otras regiones del mundo trabajan con escenarios de más de 20 años, mientras que en América Latina apenas piensa en su cotidianidad, o más bien se queda atrapada en ella.

Ningún futuro es imaginable si no se conoce la voluntad, el proyecto, la idea de país, que posee cada sociedad. Si bien hay elementos externos (como la demanda de materias primas de China o las variaciones en la tasa de interés que fija la Reserva Federal), la magnitud de ese impacto está ligada a la capacidad de las sociedades para diseñar su propio futuro. Las aptitudes institucionales de un estado también constituyen un factor decisivo a la hora de navegar por circunstancias más adversas.

Sería un grave error pensar que la democracia se encuentra consolidada en nuestra región solo por el hecho de que ya no hay golpes militares. La legitimidad de la democracia no se adquiere de una vez y para siempre. Es una construcción permanente, que debe renovarse día a día ya que la validez de la democracia como sistema de organización social está siempre puesta en prueba.

La democracia será legítima y sustentable en tanto sirva a la creación del bienestar individual y colectivo de una sociedad. El bienestar tiene un carácter histórico ya que se define de acuerdo a la evolución de las sociedades. Tampoco se le debe identificar solo en términos de ingresos económicos porque un componente importante está dado por los bienes públicos. Si le democracia fracasa en este objetivo, se tornará débil y se buscarán otras alternativas para reemplazarla.

La democracia se basa en la concepción del ser humano como sujeto portador de derechos. En ella se distingue la idea del ser humano como un ser autónomo razonable y responsable. En esta concepción subyace la noción de ciudadanía. La calidad de una democracia está estrechamente relacionada con su capacidad para crear ciudadanía, lo cual consiste en pasar de los derechos formalmente otorgados a los realmente vividos.

Esta idea se refiere centralmente al objetivo último de la democracia: la creación de bienestar a través del ejercicio efectivo de los derechos de los cuales son portadores los individuos. Como fase previa al logro de la “democracia de ciudadanía”, para el 2020 se deberán haber mejorado los procedimientos relacionados a la “democracia electoral”, lo cual ya garantizará su legitimidad de origen.

Existen unos mínimos aceptados para cada esfera de la ciudadanía que deben estar presentes en toda democracia: elecciones libres, libertad de expresión, alimentación y salud básica, entre otros. Por otro lado, también hay un máximo de derechos realizables en una determinada sociedad en un determinado momento histórico. Los recursos reales, tecnológicos, financieros e institucionales trazan la frontera de las restricciones reales y condicionan el máximo socialmente realizable de ciudadanía.

Los países difieren en sus grados de desarrollo y recursos disponibles y por tanto son distintos los “óptimos realizables de ciudadanía” que puedan objetivamente lograrse. Cuando se va más allá de lo socialmente alcanzable, se corre el peligro de sucumbir ante la demagogia y el populismo económico. Esto es tan riesgoso como no alcanzar los mínimos. Lo políticamente ventajoso para un gobierno puede ser social y económicamente insostenible, generando expectativas irrealizables y terminar en retrocesos y frustraciones.

Entre estos dos extremos existe un espacio posible para la demanda social: “la democracia exigible” que es en donde se debería desarrollar el debate y las propuestas de políticas públicas de los partidos. El espacio supone ante todo una estabilidad del sistema democrático y de los niveles de bienestar alcanzados; no implica que la totalidad de las demandas ciudadanas van a ser satisfechas. En estos términos se propone indagar los desafíos futuros: imaginar y proyectar los contenidos de la democracia exigible del año 2020, lo que conlleva evitar los peligros de la ilegitimidad y los del populismo.

En la medida en que el resultado del ejercicio de poder se acerca a la democracia exigible, estamos otorgando la máxima capacidad ciudadana a los individuos sin que esto afecte el equilibrio estable del sistema. Estaríamos en una situación óptima de sustentabilidad democrática, en la cual se asegura la persistencia y reproducción del sistema democrático por la vía de la legitimidad y de la satisfacción de las demandas.

En este lúcido análisis se otorga una especial importancia a las grandes tendencias de la economía internacional, su probable evolución y los procesos estructurales para la construcción de escenarios. Esto no implica que se haya desmerecido otras perspectivas o que el factor económico sea el más determinante. Tampoco se hace una descripción detallada de lo que sucede en el presente, sino se limita a presentar una fotografía de nuestro contexto económico actual, de las condiciones en las que se basa su evolución para entender que, si ciertos supuestos se modificaran o desaparecieran, no habría continuidad de la situación presente.

Lo primordial es la vigencia permanente de la libertad, de expresión, de industria, de credo, de profesión, de género, en fin, la libertad intrínseca al ser humano ya que como señala Octavio Paz “sin democracia, la libertad es una quimera”.

(*)Libro presentado en el Cuarto Foro Latinoamericano organizado por el Instituto Federal Electoral y que coauspician la OEA, el Colegio de México, IDEA e IFES. México DF, 9 a 11 de Octubre del 2013. La condensación es del autor del artículo.