Viajes: ¿has estado en lista de espera para tomar un vuelo?

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¿has estado en lista de espera para tomar un vuelo?
Antiguamente se llamaba dos días antes a la aerolínea para confirmar nuestro viaje. Hoy los boletos se venden online y no hay que hacer eso, al menos en teoría…


(Ilustración: Víctor Aguilar Rúa)

 

MARCELA MENDOZA RIOFRÍO

–¿Voluntarios? –repetía el caballero uniformado al otro lado del mostrador, sin mayor angustia en el semblante.

Lo miré indiferente, porque si bien las labores sociales me parecen excelentes, estaba segura de que su propuesta no tenía ningún fin filantrópico. A mi turno, tras el mostrador, una amable señorita me preguntó que si quería ser voluntaria y no viajar esa noche. Ellos, claro, estaban dispuestos a pagarme el hotel y las comidas. Le respondí que no y ella procedió a chequearme. Grande fue mi sorpresa cuando me informó que yo estaba en lista de espera.

El boleto había sido comprado casi con un mes de anticipación, la agencia de viajes había asegurado que todo estaba en orden días antes y todavía faltaba más de una hora para partir. ¿Cuál era la justificación para pasarme a lista de espera? La respuesta era obvia: habían vendido más pasajes de los que correspondían al número de asientos del avión.

Recordé que algún tío mío había aceptado el hotel sin problemas, porque no era un viaje de trabajo, sino el final de unas vacaciones. Pero ese no era mi caso y decidí reclamar. Ante mi queja, la supervisora vino a decirme que las aerolíneas tienen permiso del Indecopi para sobrevender los vuelos. Cité algo que me dijo Jaime Delgado y, casi una hora después, estaba partiendo rumbo a Las Vegas, vía Los Ángeles, confiada en que ya no había razón para mayor sobresalto. Pero no fue así. Los problemas recién empezaban.

 

ESPERA... Y ESPERA
Como era de imaginar, las colas en la aduana del aeropuerto de Los Ángeles eran inmensas, porque cientos de personas estaban viajando a la misma feria que yo. Y, claro, aunque buscamos una línea preferente, estuvimos más de una hora de pie y llegamos al counter de la conexión cuarenta minutos antes de que parta nuestro siguiente vuelo.

“No se angustie: hay varios vuelos para Las Vegas en el día”, nos habían dicho. Sin embargo, para cuando nos dieron el pase de abordar descubrí que no tenía el número de mi asiento. Intrigada, pregunté en la sala de espera y me dijeron, una vez más, que yo estaba en la lista de espera. Pero no era solo yo. Veinte pasajeros más, que habían abordado en Lima conmigo, también estaban en la susodicha lista de los desencantos.

La situación era complicada. Todos los vuelos estaban copados y las esperanzas de conseguir un asiento dependían de que dieciocho pasajeros no llegaran al avión. “Si tienen problemas en aduanas, o si se ha retrasado un vuelo, podrían conseguir un asiento”, afirmaba el counter mientras nosotros, compatriotas en el dolor, nos mirábamos atónitos.

Irritados, mis compañeros lamentaban el incidente. Estaba claro que la aerolínea nos había fallado. Y, de regreso a Lima, podíamos llevar la queja al Indecopi. De hecho, según Ivo Gagliuffi, del estudio Lazo, De Romaña & Gagliuffi, cuando una aerolínea vende un número de boletos que excede la capacidad del avión incurre en “overbooking”, práctica considerada expresamente como una infracción por el artículo 125.4 de la Ley 27261, Ley de Aeronáutica Civil del Perú. El pasajero, precisa Gagliuffi, puede reclamar la devolución de su dinero, el pago de los gastos ordinarios de alojamiento y alimentación hasta que pueda embarcarse y, por supuesto, puede denunciarlos ante el Indecopi por no brindar un servicio idóneo.

Sin embargo, en Los Angeles nadie nos solucionaba el problema y estuvimos varados todo ese día mientras los vuelos, llenos, partían rumbo a Las Vegas sin nosotros.

CAJA CHICA
Cansados de esperar, los veinte náufragos fuimos tomando soluciones diversas, que dependían del presupuesto para imprevistos que se manejara. Los primeros en huir de la sala de espera fueron los uruguayos (llevaban 10 horas de vuelo cuando llegaron a Lima), quienes contrataron por alrededor de US$200 un carro para manejar cuatro horas hasta Las Vegas.

Un grupo de chilenos y peruanos decidió esperar un par de vuelos más, pero al ver un panorama tan desfavorable –y gastar más de US$30 entre cafés y almuerzos– optaron por comprar otro boleto de US$190 en una aerolínea local que posee pequeñas avionetas para vuelos internos. Tuvieron que esperar hasta las 5:30 de la tarde, pero el asiento era seguro.

Los peruanos restantes, menos provistos de efectivo extra, terminaron comprando con US$50 un asiento en un bus que iba hasta Las Vegas. Claro, tenían que separar mínimo otros US$35 para el taxi al llegar, porque la terminal no estaba tan cerca de los hoteles como el aeropuerto. Y proveerse de snacks y cena para el camino con otros US$25, porque el bus no para en cada esquina, como acostumbran los ‘amigos’ de Fiori.

¿Y si tenían los centavos contados? En ese caso, la única salida viable era comprar el cojín más cómodo (US$18), aceptar sin quejarte los carbohidratos (US$18 la pizza con postre), suscribirte al Internet (US$10), comprar un “Cien años de Soledad” que ayude a pasar las horas de zozobra y buscar un tripulante que se apiade de tu tragedia. Elcomercio.pe
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