“Saravá”, el luchador que supo convertir los reveses en victorias

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Perfomances del músico, político y abogado Luis Delgado-Aparicio Porta

Perfomances del músico, político y abogado Luis Delgado-Aparicio Porta “Saravá”, el luchador que supo convertir los reveses en victorias

En vida le correspondió enfrentar traumáticas experiencias, que normalmente suelen traen abajo a las personas, pero él emergió victorioso de cada una de ellas.

por VÍCTOR ALVARADO

Se ha ido físicamente del planeta el gran maestro de la salsa peruana, notable político y prestigioso abogado laboralista Luis Humberto Delgado Aparicio-Porta (1941- 2015), pero estas connotaciones que lo distinguieron son apenas membresías que no expresan la fortaleza espiritual de que estuvo dotado, pues le correspondió enfrentar reveses que solo los hombres espiritualmente fuertes son capaces de enfrentar y vencer.

A “Saravá”, como se autonombró en el ejercicio de su carrera musical, le correspondió sobrellevar estigmas o “pruebas” como llaman los religiosos a las duras experiencias humanas, a las que no sucumbió y más bien supo darles una connotación positiva, como suelen aconsejar los grandes espiritualistas (¡Ojo! No espiritistas), por saber “convertir las derrotas en victorias”.

Y lo pudo hacer, prueba de ella es el resplandor de sus éxitos como músico, político, profesional, padre de familia y esposo ejemplar, enamoradísimo, como en el primer día de su noviazgo, de su esposa María del Pilar Villarán Aizcorbe, con la que tuvo dos hijos: Verónica (26) fallecida trágicamente en la discoteca “Utopía” en el 2002 y Luis Felipe Delgado- Aparicio Villarán (1941), brillante físico nuclear graduado en la U. de Princeton e investigador del MIT.

 

Su hijo Luis Felipe, es merecedor de un informe aparte, porque se trata de un peruano que brilla en la ciencia mundial por ser coautor del proyecto del uso de la fusión (unión de núcleos de elementos como el hidrógeno del agua) para la producción de energía eléctrica para todo el mundo, dejando de lado el uso de combustibles fósiles, así obtener energía, limpia e inagotable en la Tierra.

Si Luis Felipe fue su alegría más grande, la muerte de su hija Verónica, junto a otros 28 jóvenes en la discoteca “Utopía”, fue el revés más doloroso que le correspondió enfrentar y que podría estar en la raíz de la penosa enfermedad que contrajo súbitamente, un cáncer al páncreas, pues no es un secreto que las experiencias traumáticas generan una disminución del sistema inmunológico, lo que abre las puertas para que una gripe común se transforme en neumonía mortal o para sufrir la invasión de un cáncer.

Utopía

“Saravá” no bajó la guardia ante esta desgracia, pues se convirtió en el estratega de la batalla para castigar ejemplarmente a los responsables de la tragedia, que al momento de su deceso lleva 13 años sin conseguir justicia, pues apenas había conseguido poner entre rejas a Percy North, administrador de la discoteca. En esta largo periplo habían fallecido 10 padres de las víctimas y nada presagiaba que él sería la décimo primera.

 

La lucha de Saravá en los últimos años estaba centrada en castigar a Allan Azizollahoff y Édgar Paz, accionistas principales de “Utopía”, por ser los verdaderos responsables de la inseguridad que generó la tragedia, quienes ahora disfrutan del autoexilio dorado en EEUU, gracias a la complacencia de las más altas autoridades del Poder Judicial y del Ministerio Público.

Testigo de la alta espiritualidad de “Saravá” en esta lucha es el abogado César Nakazaki, defensor de los padres de las víctimas, quién ha testimoniado que aprendió a admirarlo como gran exponente de la búsqueda de justicia. “Me enseñó a transformar el dolor y la tragedia en una fuerza positiva y gracias a su ejemplar batalla, antes, la inseguridad permitida por los empresarios podía matar impunemente, después de Utopía ya no es así, porque violar normas de seguridad producen ahora penas eficaces de castigo”, dijo.

La tenacidad de Saravá, fue una constante de su vida y emergió tempranamente como respuesta al“angioma” que padeció y le deformó el rostro, pues nunca lo acomplejó y más bien solía hacer bromas de ello al reclamar siempre a los periodistas fotografiarlo por su mejor ángulo, por el lado sano de su rostro. Si alguna notoriedad podía producir esa afección, él solía contrarrestarla con una elegancia al vestir y ni que decir cuando bailaba, lo hacía con depurado estilo que generaba simpatía y aplausos.

Perfomances del músico, político y abogado Luis Delgado-Aparicio Porta Perfomances del músico, político y abogado Luis Delgado-Aparicio Porta
Saravá fue una leyenda en salsa en el Perú. con Rubén Blades, quien lamenta  "otro amigo se nos muda al otro barrio.

 

Un mantra

Su ingreso al mundo de la salsa lo haría de la mano con su hermano, uno de los más grandes músicos peruanos de todos los tiempos, Jaime Delgado Aparicio (1941- 1983), con quien desde niños se hicieron músico exitosos, cada uno por su lado, en un marco de excelentes relaciones. Luis, lo hizo con el pié derecho, pues desde el saque se bautizó con el mote de “Saravá”, que fue cuidadosamente elegido en sus contactos con los cultores de la música afroantillana- latinoamericana.

 

Ese contacto le permitió conocer el proceso de transculturización originado por el encuentro de las culturas aborígenes y la española, en particular los aportes de los primeros habitantes centroamericanos siboneyos, tainos, guanahatobeyes que descendían de los arahuacos del sur, así como las africanas, de manera particular el aporte del sincretismo africano, la santería: Yemaya y Ochún, Karioche, Iyalovichas y Olovichas.

También se nutrió artísticamente del aporte afrobrasileño particularmente de la religión Urubanda, de donde tomó el vocablo “Saravá”, que quiere decir que “las cosas te vayan bien”, que “estés protegido y seas feliz”, y además es un mantra (palabra mágica), que al pronunciarlo emite vibraciones positivas. “Saravá” solía contar esta anécdota solo a contados amigos, porque eran muy pocos los abiertos a captar la esencia de la sabiduría de este mensaje.

En el fragor juvenil de su carrera musical fue estremecido por el suicidio de su hermano menor Jaime el 28 de marzo de 1983, que se hallaba en ese momento en el cenit de su carrera musical a la edad de 40 años, por motivos aparentemente nunca esclarecidos o solo conocidos por la familia, que prefirió la absoluta reserva y que nunca sea motivo de especulaciones.

Prodigio musical

Jaime estaba considerado como uno de los músicos más prodigiosos del Perú, era director de orquesta, talentoso pianista, compositor y ferviente cultor del jazz. A muy corta edad se hizo pianista y muy joven viajó a EE.UU., donde se sumergió en el jazz de New Orleans, donde recibió influencias de los notables jazzistas Edward Duke Ellington y Horace Silver.

A su retorno, en 1964 grabó su primer álbum “Jaime Delgado Aparicio y su Trío”, donde figura el conocido tema “Sayonara Blues” e impulsó grupos como la legendaria orquesta Black Sugar, conformada por los eximios talento: “Víctor “Coco” Salazar, Roberto Valdez y Miguel “Chino Figueroa”, quienes recibieron de Delgado sus primeras lecciones.

Su trágico deceso se produjo apenas tres días después de haber dirigido un concierto a beneficio del hogar materno infantil “San Francisco de Asis” de Chorrillos en el Country Club de Lima, donde se presentó con su Orquesta Contemporánea y su esposa Roxana Valdivieso, entonces la vocalista del grupo.

Jaime, días antes, había hecho arreglos a la pieza musical “María Sueños”, una de las últimas inspiraciones de Chabuca Granda, fallecida dos semanas antes en Miami, EE.UU. La muerte de Jaime podía haber anulado la vida de “Saravá”, pero él supo sacar de tripas corazón y emerger como director de orquesta, conductor del programa difusor de la salsa “Maestra Vida”, que empezó en Radio Miraflores los sábados por la noche, se mudó a Radio América y luego en 1983, al reinaugurado Canal 9 ATV, donde difundió exitosamente la “música afrolatina caribeña”, como solía definirla.

Otro trauma

Su carrera exitosa de músico salsero lo llevó a relacionarse con los grandes cultores de la salsera, como Tito Puente, Machito, Tito Rodríguez, todas las Sonoras de la época, Jose Cuba y su Sexteto, Moncho Leña, Ricardo Rey, Willie Colon, Bobby Cruz, Héctor Lavoe, Ismael Miranda y la legendaria Celia Cruz, entre otros. Y por supuesto, grabó varios álbumes, del cual cabe destacar“La última la traigo yo” con su Orquesta Saravá All Stars, editado por Discos El Virrey en 1985.

Cabe destacar finalmente la sobriedad con que sobrellevó un capítulo traumático de su vida, la satanización de determinados historiadores contra su padre, el también historiador Luis Humberto Delgado Coloma (1908- 1998), por haber incluido en su libro “Guerra entre Perú y Chile 1879″, cartas supuestamente suscritas por Miguel Grau, Lizandro Montero, Andrés Avelino Cáceres y Francisco García Calderón, por las cuáles recomiendan a Mariano Ignacio Prado que haga su cuestionado viaje a Europa para comprar los buques necesarios para enfrentar la invasión militar chilena, que resultaron ser falsas.

Delgado Coloma era entonces defensor fervoroso del gobierno de Prado, juntamente con Pedro Irigoyen y Federico More, simpatía que habría estado en el origen de la aceptación de esas cartas falsas, que lo hizo caer en desgracia por haber pretendido justificar la huida de Prado del Perú en plena invasión militar extranjera.

Polémica

Historiadores como Antonio Gárate, autor del sobresaliente libro “Por 10 centavos de salitre”, considera desproporcionada la satanización de Delgado, porque excepto el libro de marras, este es un historiador brillante autor de una docena de libros de impecable manufactura histórica.

Gárate reclama, respecto a los denostadores de Prado, que hay más traidores que este como Nicolás de Piérola, Miguel Iglesias, Agustín Belaunde, Arnaldo Panizo, Manuel Encarnación Vento, entre otros, quienes se coludieron con el enemigo y fueron los verdaderos culpables de la derrota peruana y la mutilación del territorio peruano, y deben ser objeto de sanción histórica.

En realidad, faltan páginas para describir otras perfomances de “Saravá”, como ex congresista en 1992, 1995 y 2000, laboralista en la OIT en los años 1967, 68 y 69 y sobre todo de columnista de “La Razón”, donde encontró, como el decía “un hogar intelectual”, e hizo filas por las mejores causas en defensa de la verdadera democracia, la transparencia política y la justicia social, sobre lo cual volveremos a escribir más adelante.